Breves momentos de inspiración y alguna noche de insomnio

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domingo, 3 de enero de 2021

Volver

 Volver.

La lluvia en los ojos,

la luna en tu pelo.

Volver.

La vida en tus manos,

el nido en tu pecho. 

Como vuelven las estaciones

en un canon repetido
después de rotos los años,
después de haberse vivido.

Volver,

de buscar en escombros

y encontrar solo olvido.

Volver,

reconociendo fantasmas

e intrincados laberintos
que conducen a los abismos,
a lugares escondidos.
Volver como vuelve el viento
a jugar con tu vestido.

Volver,

tumbados los dioses

y el cielo infinito.

Volver

como vuelven las olas,

en un mar conocido.

Volver,

con una sonrisa 

y haber comprendido.

Volver,

que el mañana es el hoy,

y el hoy no ha nacido.

Volver, volver, volver, volver...


viernes, 30 de octubre de 2020

Robinson

 Cuando llegó a la ciudad,
 Robinson se sintió más solo aún.
 Babel no le recibió con los brazos abiertos.
 Sólo había escarcha y miedo.
 Ni siquiera era viernes.
 Era un día extraño sin calendario
 cuando el mar lo lanzara
 a la aventura del vivir.
 Entre luces de neón,
 la ciudad le miró indiferente,
 que era mejor que mirarle con recelo.
 ¡Extraños transeúntes!
 No era su Arcadia,
 la que soñaba de lejos.
 Hoy su cara de náufrago
 dibuja el mapa de su vida.
  Solo las arrugas marcan el camino
 hacia un futuro incierto.
 
 

lunes, 10 de agosto de 2020

Mi mundo chiquito

 Mi mundo chiquito lo pueblan el tiempo y la ausencia.
Es un mundo redondo, sin esquinas donde esconderse,
como deben ser los nuevos mundos, aún por descubrir.
 
Mi mundo chiquito guarda un cálido hogar,
una lumbre en la espera salada de un mar templado
y un cobijo al abrigo de un sueño, aún por realizar.
 
Mi mundo chiquito descansa sobre un piano
que cada noche mece notas de amor con olor a jazmín,
al sur de los sentimientos donde vuela el colibrí, aún por llegar.
 
Y si llegaras, he preparado un aleteo de voces en el perfil de mi corazón,
un coro de susurros que viajarán en el céfiro,
y arrancarán los dulces recuerdos de los campos de amapolas
donde hoy descansan.
He preparado también una lluvia de besos brillantes y hermosos,
como las estrellas que refleja tu mirada en una noche sin luna.
 
Y si llegaras, ¡oh, colibrí! te entrego, como una caricia, mi mundo chiquito
que es más que todo, que es más que nada.

 

 

domingo, 12 de julio de 2020

Ahora que no tengo tiempo

 Ahora que no tengo tiempo,
bebo sedienta tus besos,
apurando el sorbo del amor
como una loca desposeída
de su suerte.

Ahora que no tengo tiempo,
muerdo la vida gritada
a los cuatro vientos,
y enmudezco sus horas
para que nadie las repudie,
más que yo, si he de hacerlo.

Ahora que no tengo tiempo,
siento los pies más ligeros,
descalzos e invertidos
hacia el origen.
Me despojo de la piel,
dejo alforjas y miserias.
Tiendo al sol mis paisajes
y mi credo.

Ahora que no tengo tiempo
apuro los sueños,
antes que se desvanezcan,
y despierte sin rumbo,
cualquier noche de estas,
en el insomnio de mis versos.

domingo, 5 de julio de 2020

La música que hay en ti

La música que hay en ti no la compré,
ni siquiera la busqué en un anticuario.
Era una vieja música de siempre
que olía a hogar, a espliego,
que sabía a canción de cuna, dulce,
era la música de mi vida,
y tú, un titiritero cualquiera,
me la mostrabas desde el fondo de tus pupilas.

sábado, 27 de junio de 2020

La niña, mi niña

Salió la niña en mis sueños,
cazaba mariposas azules,
dejando volar su risa,
que era mi eco.

Saltaba montaña,
contaba desiertos
como quien cuenta peces
en el mar abierto.

Las olas y el vuelo,
la falda en la huerta,
sobre las espigas,
arrancadas al viento.

La niña era alegre,
como pueden serlo
las campanas al aire
que anuncian encuentros
de parejas felices,
que siguen viviendo,
después de batallas,
un amor perfecto.

Despierto y recojo
a la niña en mi seno.
No te vayas nunca,
que sin ti me muero.

Eres parte mía,
eres mi consuelo
cuando a veces lloro
a todos mis muertos.

Eres tú, mi niña,
eres mi recuerdo,
yo soy tu futuro,
y formamos parte
del mismo universo.

 

jueves, 14 de mayo de 2020

Y volverán los abrazos

 Y volverán los abrazos,
y tendrán más sentido si cabe,
esos que se precipitaron
al vacío quirúrgico de un virus
que traicionó al amor
y paró su primavera.

Y volverán los abrazos
cálidos, serenos, dulces,
como el útero materno,
como el agua en su remanso,
como la mirada de un niño,
limpios y henchidos de amor.

Y me quedaré en tu abrazo
para siempre,
al cuidado de tu risa,
al arropo de tu alma
donde curar las heridas.

sábado, 9 de mayo de 2020

La niña que llevo dentro (III)

 3: La polio no pudo con ella (*)


«La vida es 10% lo que me ocurre y 90% de cómo reacciono a ello»
Charles Swindoll
Tardes soleadas. La niña de cabellos dorados corría sin descanso tras los niños mayores, oculta entre espigas mecidas a su paso, allá en la huerta de algodón, persiguiendo sueños.

Quizás presintiera lo efímero de aquella estampa pintada en un pequeño lienzo. Correr, todo era correr y saltar surcos, para ella eran tortuosas colinas, mientras sus piernas eran arañadas por pica-picas y las ortigas se prendían a su falda. Heridas de guerra. El precio por librar la particular batalla de querer formar parte en los juegos de los niños grandes.

Su melodía de fondo era la sirena de la fábrica textil despidiendo y recibiendo a los trabajadores, entre ellos a su padre, el más guapo y pinturero de todos. Los niños voceaban al unísono, a coro, en inútil competición para ver quién duraba más, poniendo a prueba sus pulmones. Siempre ganaba la sirena, lo sabían, pero era un reto diario, que no dejaban pasar.

La trama y la urdimbre iban tejiendo sus días felices junto a su hermano, dos años mayor que ella, hasta que un día, sus piernas se enredaron como una madeja y dejaron de correr, de andar... Se paró el reloj aquel verano, y los telares cambiaron su ritmo.

Su mundo se hizo pequeño y la huerta le pareció más inmensa e insondable. Comenzó a observar la vida de los insectos junto a su inseparable amigo José Antonio, desarrolló la paciencia del entomólogo y la curiosidad del científico que experimenta sobre la conducta de las diferentes especies del reino animal.

El olor del campo dio paso al del alcohol y al de la penicilina; hospital y escuela compartieron su tiempo. Mañanas de pupitre y tardes de masajes. También aquellos tarritos de cristal con los que enjugaba sus graminitas, las que pedía entre sollozos que le limpiase su madre con el pañuelo después de cada inyección. Aquellos frasquitos de cristal comenzaron a llenar improvisados anaqueles en el lavadero de su casa; encerraban experimentos consistentes en mezclar líquidos y agitarlos, observar texturas, colores, olores...

Al fin aprendió de nuevo a andar con paso vacilante pero pisando fuerte. Observada y atendida por su madre que, con dedicación, tejió un futuro para ella, y, le entregó unas armas con las que aquella niña llegaría a convertirse en guerrera. La polio no pudo con ella.


(*) Este texto fue publicado en el libro Alas para todo el trayecto, (Un homenaje cultural a las personas con discapacidad), de la Asociación Cultural Utopías de las Artes. Málaga, 2014. También publicado en el libro Sueños en la mirada, a beneficio de la investigación del Síndrome Postpolio. Málaga, 2017.


viernes, 8 de mayo de 2020

La niña que llevo dentro (II)

 2. No me gusta madrugar (*)


«Es dicho de dormilones que por mucho madrugar no amanece más temprano»
Baltasar Gracián


Desde siempre lo he sabido: no me gusta madrugar. Tampoco me gusta dormir, pero cuando me pongo, me pongo.

Desde pequeña... ¿a qué niña le puede gustar madrugar? Bueno, hoy día es diferente porque la programación infantil de la tele comienza muy temprano y con un montón de canales al uso. ¡Pero en mi época...! en la que no había ni televisor en casa... Yo tenía ocho años cuando entró por la puerta grande y se colocó en el sitio principal del salón para poder ser vista desde todos los ángulos desbancando así al aparato de radio.
Aprendí a hablar con mucha claridad desde muy pequeñita. Recuerdo que dormía en mi cuna cogida de la mano de mi madre. La pobre, después de llevar un día agotador, pillaba la cama con tantas ganas que se dormía enseguida, mientras yo fantaseaba a oscuras. Cuando notaba la falta de presión de su mano le repetía aquella frase egoísta: «Mamá no te duermas, que yo no tengo sueño»; y aquella otra más heavy, cuando era más mayorcita y me sugería la siesta veraniega tan reparadora que daba un respirito a los papás: «¿Por qué no te duermes un ratito?... Es que me aburro». ¡Dormir me aburría! Sí, literalmente. Ya desde entonces opositaba a Despierta Perpetua, porque hoy si no fuera por las pastillas... ¡ay, las pastillas...! que no se me olviden…, que me tocan a las diez... ¿Por dónde iba? Ah, sí, hablaba de no dormir.

Me ha gustado trasnochar, lo he podido constatar de joven. No había guateque, fiesta o sarao que acabase conmigo. Siempre he preferido la noche, quizás porque es el preludio de la mañana, o porque no he querido que el día acabase tan pronto, es tan corto..., tan corto el día, tan corta la vida...

¿Pero, madrugar…? Aquellas mañanas frías de invierno iniciando los preparativos para el cole, «ponte el corsé, estira la camiseta...», los pellizcos, ¡tengo sueño! «Mete la cabeza» -odiaba los jerséis de cuello alto-. «Toma los calcetines, la bota, el aparato..., tú sola, yo te ato los cordones... ¡venga que se hace tarde!». Esa rutina diaria, ese automatismo con los ojos llenos de sueño. ¿A quién podía gustarle madrugar?

Después llegó la etapa dorada. Se acabaron los madrugones y comenzaron las trasnochadas. Estudié en turnos de tarde y trabajé posteriormente en turno de tarde. Sin haberlo buscado, fue ideal de la muerte. Claro que en mi etapa laboral fue disminuyendo la vida nocturna paulatinamente hasta hacerse inexistente con la llegada de mi hijo.

Y os cuento todo esto para deciros que hoy he madrugado. Mi mente se despertó a las ocho de la mañana con la alarma del teléfono móvil, mi despertador favorito. Pero mi cuerpo, que tiene vida propia, se tomó su tiempo. Y eso que yo lo estimulo, que siempre viene bien un poquito de ayuda. Muevo, estiro y crujo mi cuello; huesitos, músculos y articulaciones en marcha. Todo eso antes de salir de la cama y en dos fases: una tendida y otra sentada. Pero aún así, cuando me levanto debo tener cuidado con los movimientos, los mareos...

Y es que, irremediablemente, a mi cuerpo tampoco le gusta madrugar.


(*) Relato publicado en el libro Sueños en la mirada, a beneficio de la investigación del Síndrome Postpolio.

jueves, 7 de mayo de 2020

La niña que llevo dentro (I)



1. Unos ojos grandes y profundos (*)
«A veces la infancia es más larga que la vida»” 
Ana María Matute


Aquellos ojos grandes y profundos habían asistido a paisajes incomprensibles de dolor y miedo cuyo gris nublaba a veces su mirada puesta en la lejanía.
La niña, en un laberinto de pasillos y habitaciones frías que eran un todo, era feliz al verse cada día fuera de él, sin batas blancas, en brazos de una madre amorosa y cálida que limpiaba sus lágrimas y devolvía su alegría por haberse portado bien con algunas recompensas en forma de chucherías y libros de cuentos adquiridas al pasar por el quiosco que había en la puerta del hospital, aunque esto supusiera, sin que la niña fuese consciente de ello, el sacrificio de una madre abnegada que gastaba el dinero del transporte por ver sus ojitos iluminados y bañados de sonrisa, y que no paraba de hablar mientras la llevaba en brazos el largo camino de vuelta a casa.
De todas aquellas frías habitaciones, una en particular le infundía verdadero terror y atraía su mirada poderosamente. Cada día, mientras avanzaba por el pasillo, «rezaba» para no encontrarse la puerta abierta, sabía que su mirada se recrearía en esa visión espeluznante mientras un escalofrío le sacudía el cuerpo y le erizaba el vello. Había allí una máquina infernal que engullía niños y solo les dejaba asomar sus cabecitas. Escuchó que la llamaban «pulmón de acero», pero por entonces ni siquiera sabía el significado de la palabra «pulmón».
¡Era tan pequeña, aún...! Pulmón de acero sonaba en su interior como el roce del filo de una navaja. Esa amenaza que se producía en su mente le hacía aplicarse un poco más en sus ejercicios, y eso que odiaba las cinchas, los sacos de arena, las poleas y demás artilugios del gimnasio, de los que colgaban piernas, brazos y cuellos, una verdadera tortura para ella, en donde su llanto se mezclaba con otros llantos infantiles. No entendía que, para curar sus piernecitas, tuviesen que infligirle tanto daño. Lo que mejor llevaba era la piscina, pero incluso eso había días que no le apetecía. Masajes, masajes y más masajes... que no cesaron ni siquiera cuando comenzó su etapa escolar.
Hoy día aquellos ojos no encierran ningún rencor, todo lo contrario, un profundo amor y comprensión por aquella niña que guarda dentro.


(*) Relato publicado en el libro Sueños en la mirada, a beneficio de la investigación del Síndrome Postpolio.

viernes, 1 de mayo de 2020

Punzadas de nostalgia

 Nuestros niños guapos y sonrientes, felices, con un brillo en la mirada y mucha verdad,
abrazados a un ser muy querido, que hoy hace un mes que se fue sin ese abrazo de despedida,
festejando un cumpleaños, que quedó muy atrás,
en un tiempo pasado, un 2 de agosto de 2012,
en el porche de una casa familiar, donde vivieron años muy felices, que ya no nos pertenece,
colores vivos y alegres, rojo, amarillo, verde,
sonrisas y amor de nietos.

Dicha de madre al recordarlo.

¡Qué poder condensa una fotografía en nuestras manos, en tiempos de confinamiento! Envuelve de magia el momento que revives y trae punzadas de nostalgia.

viernes, 27 de marzo de 2020

60 días

 Cuando el mar rabioso levanta torres de espuma
una y otra vez contra las rocas,
bramando como un toro herido,
desafiando al tiempo y al espacio,
pesa tanto el corazón,
como si hubiese vivido ya demasiados mares
y hubiese arribado a demasiados puertos.

Cuando se camina al borde del precipicio
con los pies descalzos,
abandonados, sin brújula ni destino,
al vértigo que da el abismo de la vida,
pesa tanto el corazón,
como si hubiese escalado la montaña más alta
arañando las paredes para llegar a la cima.

Cuando te haces presente en otro plano,
en otra existencia intangible y desoladora,
y el vacío horada las entrañas,
pesa tanto el corazón,
siento tanto tu ausencia,
que 60 días sin ti es una eternidad.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Déjame ser

 Déjame ser tu almohada donde descanse tu pelo blanco de luna,
te bajaré nubes tiernas de algodón que suavicen tu pesar.

Déjame ser tus manos que limpien las telarañas de tu frente,
te traeré lluvia tenue como gotitas de rocío con que dar luz y brillo a tus recuerdos.

Déjame ser tus oídos que oigan nuestras palabras de aliento
y te rescaten de la oscuridad de tu negro presidio, de tu cadena perpetua.

Déjame ser tus ojos que, como un rayo de luz, te devuelvan la ilusión 
e iluminen tu interior de niña pequeña, de niña pequeña.

Déjame ser tu boca, tu piel, tu corazón, que sienta nuestras caricias
y tejan un nido donde cobijar los pájaros que se escapan buscando otro cielo.

Déjame abrigarte el corazón con el nuestro, en un hilo,
en la frontera de los sentimientos que desbordan ríos de cariño.

Déjame decirte y hacerte todo lo que no te dije, todo lo que no hice,
cuando tu vida era una entrega incondicional de generosa guerrera,
donde la sangre era el vínculo más fuerte al que tú te entregaste,
para que no le faltase nada a los tuyos, que eran los míos, que son los nuestros.

Déjame soñar contigo, madre, en esta noche tan larga,
para recuperar lo perdido, para aliviar lo llorado.
Para que un rayo de luz ilumine tu sonrisa, que es la mía, que es la nuestra.

domingo, 22 de marzo de 2020

Ha llegado la primavera

 Ha llegado la primavera, ¿sabes?
Pero las calles están vacías,
aguardan los pasos y las risas.
aguardan los abrazos y la fiesta.
La calle, ausente, nos mira desde la lejanía
y dibuja un horizonte de esperanza
o de incertidumbre.

Desde la ventana se ven los árboles y las flores
que quizás echan de menos manos de jardineros
 en una ciudad enferma.
vuelan pájaros y se entrelazan sus trinos
con notas musicales de virtuosas manos.
Pero las calles están vacías un domingo de primavera.
La ciudad se está sanando con aire limpio
y un cielo bondadoso que moja y acaricia los tejados y azoteas,
como una madre que besa la frente de su niño recién peinado
y listo para la escuela.
Pero ahora no hay escuelas, es domingo,
y hay cuarentena.

Ha llegado la primavera ¿sabes?
y faltan los niños que, asomados a los balcones, pintan arcoiris,
algunos guiados por la mano firme de un padre amoroso,
y aplauden y cantan y gritan a las ocho,
es la cita ineludible de las ciudades que saben que ya falta menos
para abrir las puertas y entregar nuestros corazones a la vida.

Ha llegado la primavera, ¿sabes, madre?
Pero este año no notes mi ausencia
sigue soñando fuera del reloj, al otro lado del espejo,
donde se confunden y mezclan historias y seres,
allí, madre, no hay cuarentena, sólo encierro,
yo te mando todo mi amor desde mi ventana,
con la esperanza que dentro de ti veas florecer
una sonrisa inmensa de domingo por la mañana.

jueves, 19 de marzo de 2020

Mi querido padre












 De niño pasó la guerra
bajo un cielo de tormenta,
'desbandá' hacia Almería,
Alicante o Valencia.

El pequeño de los cuatro,
ayuda a su madre ciega
en hacerles los 'mandaos'
y colarse en las tiendas.

Conoció a una muchacha
en la Industria Malagueña
con una carita linda,
una buena compañera.

Casaron en San Felipe,
cuatro hijos les nacieran,
la segunda, de pequeña,
una polio contrajera.

Trabajador incansable
que blanquea o empapela
cuando sale del trabajo
doblando turno se queda.

Todo el dinero hace falta
velando por la pequeña,
las medicinas son caras
pero el milagro no llega...

La luna que ella le pida,
la luna se la trajeran,
mejores padres, imposible
que soñar nadie pudiera.

Hoy él mira a su amada
con la mirada serena
y la toma de la mano
y la sienta a su vera,
y le dice al oído
las cosas que no recuerda,
que siempre estará a su lado
pase lo que pase afuera,
por ella daría la vida
sin dejar que nada hiriera
esa sonrisa tan bella
de su amada compañera.

domingo, 8 de marzo de 2020

La ciudad duerme

 La ciudad duerme
en un estertor apagado.

Se suicidó la noche
calladamente
y la encontraron
ahogada en el mar.

Alguien tiró la llave
que abre las calles,
y dan paso a la vida.

Sola en silencio
paseo por los tejados,
la vista perdida
en una luciérnaga
que amaga la luz de la luna
y prende una bombilla
incandescente
cuando maúlla el gato en celo.

Alguien ha gritado un secreto
al oído de las nubes
que amenazaban lluvia,
querían refrescar las calles
y bañarlas de llanto.

Las aceras resbalaban tus pasos
que se debatían en regresar
o marchar definitivamente
a otros mundos lejanos,
mientras la ciudad dormía.

Pero el tiempo no espera,
se perdió en el desierto
de la desesperanza.

Quizás le tocó perder.
Las manos en los bolsillos,
como un paria,
buscando en su interior
el billete de ida que le lleva
a la esperanza
y le despeja las dudas
una a una.

La ciudad, poco a poco,
vuelve a la vida.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Timelaps

No tengo tiempo.
Se escapa,
como el agua entre los dedos.
Las flores nacen y se marchitan
como semifusas.
Las calles se llenan y se vacían
en frenético compás,
entre el ruido y el silencio
que provoca el movimiento
de los planetas,
del día y la noche.
Nacer o morir es un ciclo
que se repite hasta el infinito.
Luz, oscuridad.
Amaneceres acelerados.

No tengo tiempo para decirte tantas cosas.
Las palabras no corren.
No pueden competir con él.
Se amontonan en mis labios
y sólo puedo decirte hola y adiós,
también en un ciclo,
esta vez, teñido de impotencia,
porque no queda nada detrás de esas palabras,
que se vuelven extrañas cuando se pronuncian,
porque dejan de ser tuyas
para ser del viento.


viernes, 14 de febrero de 2020

No saben que te has ido

El sol no sabe que te has ido.
Sale radiante como si tal cosa,
obsceno, presenta su desnudez,
y baña las calles, plazas y montañas,
cuando yo sólo busco la lluvia
para llorar en un pozo profundo
y ahogar la tormenta que estremece mi alma.

Los pájaros no saben que te has ido
y siguen cantando de rama en rama,
poniendo su banda sonora
a esta película de triste final,
llenando de trinos tu féretro,
quizás esperan tu risa de cascabel
que acompañe su alegría.

Las flores no saben que te has ido
rosas, azucenas, margaritas...
las amapolas tiñen los campos
en el frescor de la mañana
y dan color a mis días.
Blancas, rojas, amarillas
no bañarán de color-olor tu estancia.
Ellos cabalgan en un perfumado arcoiris lejano,
ausente,
mientras yo sólo busco el negro de mi luto
y la fragancia de mi piel.

La gente no sabe que te has ido.
pasean, ríen, hablan en bullanguera algarabía.
ignorantes del vacío.
Sólo la gente que te ha querido,
cientos, miles, millones
a las que entregaste tu inmenso corazón,
sólo ellas hoy lloran tu ausencia.

domingo, 2 de febrero de 2020

Cómo pesa el dolor

  


































El pecho de plomo.
Cuesta respirar
el aire denso que
se escapa por la ventana
como un ladrón.

Tras la sombra,
la luna sangra.
¡Qué noche más negra,
qué silencio aterrador!
Cuando se apaga el suspiro
se acaba el libro que está escrito.
El destino ha huido a hurtadillas
sin hacer ruido.

Cómo pesa el dolor,
desgarra,
cómo ahoga la voz
y aprieta la garganta,
¡habría tanto que gritar
y que gemir...!
¡tanto que decir!

Qué vacío en el estómago
que duele en lo más hondo,
en la nada del alma.

Los ojos escuecen,
las lágrimas bañan la cara,
y el cuerpo, todo sumido en el dolor,
tirita de miedo.

Amanece con una triste certeza.
El árbol de la vida se ha secado
y con él, las esperanzas.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Desahucio




Como un árbol que cae,
que cruje en sus entrañas
de mariposas muertas,
un negro hondo
de oscuridad tangible,
un sentimiento fatal,
un presagio de muerte,
un arroyo de cieno
que recorre las venas.
Hace sentir la culpa,
el pecado original,
un paria del siglo XXI.
Arrancarte la vida,
de golpe sin techo,
soportar la condena
de ser un don-nadie.

Puede sangrar la luna,
no caerá una estrella
que cumpla un deseo desgarrado.

¿Y si muchas bocas gritan,
y si muchas manos hablan,
y si muchos corazones
se lanzan en un mismo camino
sin talismán, con justicia
y con verdad?

No habrá calle que calle,
no habrá banco que desahucie,
no habrá gobierno que silencie
porque somos el mañana
de nuestros pasos
y estamos vivos...

Y la madrugá
dormirá nuestros sueños.
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