Breves momentos de inspiración y alguna noche de insomnio

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domingo, 3 de enero de 2021

Volver

 Volver.

La lluvia en los ojos,

la luna en tu pelo.

Volver.

La vida en tus manos,

el nido en tu pecho. 

Como vuelven las estaciones

en un canon repetido
después de rotos los años,
después de haberse vivido.

Volver,

de buscar en escombros

y encontrar solo olvido.

Volver,

reconociendo fantasmas

e intrincados laberintos
que conducen a los abismos,
a lugares escondidos.
Volver como vuelve el viento
a jugar con tu vestido.

Volver,

tumbados los dioses

y el cielo infinito.

Volver

como vuelven las olas,

en un mar conocido.

Volver,

con una sonrisa 

y haber comprendido.

Volver,

que el mañana es el hoy,

y el hoy no ha nacido.

Volver, volver, volver, volver...


domingo, 12 de julio de 2020

Ahora que no tengo tiempo

 Ahora que no tengo tiempo,
bebo sedienta tus besos,
apurando el sorbo del amor
como una loca desposeída
de su suerte.

Ahora que no tengo tiempo,
muerdo la vida gritada
a los cuatro vientos,
y enmudezco sus horas
para que nadie las repudie,
más que yo, si he de hacerlo.

Ahora que no tengo tiempo,
siento los pies más ligeros,
descalzos e invertidos
hacia el origen.
Me despojo de la piel,
dejo alforjas y miserias.
Tiendo al sol mis paisajes
y mi credo.

Ahora que no tengo tiempo
apuro los sueños,
antes que se desvanezcan,
y despierte sin rumbo,
cualquier noche de estas,
en el insomnio de mis versos.

domingo, 24 de mayo de 2020

Cuando acabe esta pandemia

 Cuando acabe esta pandemia,
¿quién recogerá nuestros pedazos
y reparará nuestras grietas con oro,
para que luzcan bellas en un mundo roto y mutilado?
¿quién celebrará la fiesta de la vida lastimada,
que pende y depende de un cordón dorado?

Brotarán los artesanos
y luciremos nuestras cicatrices sin pudor,
como heridas de guerra que se exhiben tras la batalla
y demuestran el grado de heroicidad,
quizás el kintsugi nos salve y nos rehaga.

Habrá una nueva esperanza que construiremos con nuestras manos
en un mundo imperfecto, dolido y sanado,
que hoy llora la estupidez humana que jugaba a ser Dios
y se creía invencible.

sábado, 9 de mayo de 2020

La niña que llevo dentro (III)

 3: La polio no pudo con ella (*)


«La vida es 10% lo que me ocurre y 90% de cómo reacciono a ello»
Charles Swindoll
Tardes soleadas. La niña de cabellos dorados corría sin descanso tras los niños mayores, oculta entre espigas mecidas a su paso, allá en la huerta de algodón, persiguiendo sueños.

Quizás presintiera lo efímero de aquella estampa pintada en un pequeño lienzo. Correr, todo era correr y saltar surcos, para ella eran tortuosas colinas, mientras sus piernas eran arañadas por pica-picas y las ortigas se prendían a su falda. Heridas de guerra. El precio por librar la particular batalla de querer formar parte en los juegos de los niños grandes.

Su melodía de fondo era la sirena de la fábrica textil despidiendo y recibiendo a los trabajadores, entre ellos a su padre, el más guapo y pinturero de todos. Los niños voceaban al unísono, a coro, en inútil competición para ver quién duraba más, poniendo a prueba sus pulmones. Siempre ganaba la sirena, lo sabían, pero era un reto diario, que no dejaban pasar.

La trama y la urdimbre iban tejiendo sus días felices junto a su hermano, dos años mayor que ella, hasta que un día, sus piernas se enredaron como una madeja y dejaron de correr, de andar... Se paró el reloj aquel verano, y los telares cambiaron su ritmo.

Su mundo se hizo pequeño y la huerta le pareció más inmensa e insondable. Comenzó a observar la vida de los insectos junto a su inseparable amigo José Antonio, desarrolló la paciencia del entomólogo y la curiosidad del científico que experimenta sobre la conducta de las diferentes especies del reino animal.

El olor del campo dio paso al del alcohol y al de la penicilina; hospital y escuela compartieron su tiempo. Mañanas de pupitre y tardes de masajes. También aquellos tarritos de cristal con los que enjugaba sus graminitas, las que pedía entre sollozos que le limpiase su madre con el pañuelo después de cada inyección. Aquellos frasquitos de cristal comenzaron a llenar improvisados anaqueles en el lavadero de su casa; encerraban experimentos consistentes en mezclar líquidos y agitarlos, observar texturas, colores, olores...

Al fin aprendió de nuevo a andar con paso vacilante pero pisando fuerte. Observada y atendida por su madre que, con dedicación, tejió un futuro para ella, y, le entregó unas armas con las que aquella niña llegaría a convertirse en guerrera. La polio no pudo con ella.


(*) Este texto fue publicado en el libro Alas para todo el trayecto, (Un homenaje cultural a las personas con discapacidad), de la Asociación Cultural Utopías de las Artes. Málaga, 2014. También publicado en el libro Sueños en la mirada, a beneficio de la investigación del Síndrome Postpolio. Málaga, 2017.


viernes, 8 de mayo de 2020

La niña que llevo dentro (II)

 2. No me gusta madrugar (*)


«Es dicho de dormilones que por mucho madrugar no amanece más temprano»
Baltasar Gracián


Desde siempre lo he sabido: no me gusta madrugar. Tampoco me gusta dormir, pero cuando me pongo, me pongo.

Desde pequeña... ¿a qué niña le puede gustar madrugar? Bueno, hoy día es diferente porque la programación infantil de la tele comienza muy temprano y con un montón de canales al uso. ¡Pero en mi época...! en la que no había ni televisor en casa... Yo tenía ocho años cuando entró por la puerta grande y se colocó en el sitio principal del salón para poder ser vista desde todos los ángulos desbancando así al aparato de radio.
Aprendí a hablar con mucha claridad desde muy pequeñita. Recuerdo que dormía en mi cuna cogida de la mano de mi madre. La pobre, después de llevar un día agotador, pillaba la cama con tantas ganas que se dormía enseguida, mientras yo fantaseaba a oscuras. Cuando notaba la falta de presión de su mano le repetía aquella frase egoísta: «Mamá no te duermas, que yo no tengo sueño»; y aquella otra más heavy, cuando era más mayorcita y me sugería la siesta veraniega tan reparadora que daba un respirito a los papás: «¿Por qué no te duermes un ratito?... Es que me aburro». ¡Dormir me aburría! Sí, literalmente. Ya desde entonces opositaba a Despierta Perpetua, porque hoy si no fuera por las pastillas... ¡ay, las pastillas...! que no se me olviden…, que me tocan a las diez... ¿Por dónde iba? Ah, sí, hablaba de no dormir.

Me ha gustado trasnochar, lo he podido constatar de joven. No había guateque, fiesta o sarao que acabase conmigo. Siempre he preferido la noche, quizás porque es el preludio de la mañana, o porque no he querido que el día acabase tan pronto, es tan corto..., tan corto el día, tan corta la vida...

¿Pero, madrugar…? Aquellas mañanas frías de invierno iniciando los preparativos para el cole, «ponte el corsé, estira la camiseta...», los pellizcos, ¡tengo sueño! «Mete la cabeza» -odiaba los jerséis de cuello alto-. «Toma los calcetines, la bota, el aparato..., tú sola, yo te ato los cordones... ¡venga que se hace tarde!». Esa rutina diaria, ese automatismo con los ojos llenos de sueño. ¿A quién podía gustarle madrugar?

Después llegó la etapa dorada. Se acabaron los madrugones y comenzaron las trasnochadas. Estudié en turnos de tarde y trabajé posteriormente en turno de tarde. Sin haberlo buscado, fue ideal de la muerte. Claro que en mi etapa laboral fue disminuyendo la vida nocturna paulatinamente hasta hacerse inexistente con la llegada de mi hijo.

Y os cuento todo esto para deciros que hoy he madrugado. Mi mente se despertó a las ocho de la mañana con la alarma del teléfono móvil, mi despertador favorito. Pero mi cuerpo, que tiene vida propia, se tomó su tiempo. Y eso que yo lo estimulo, que siempre viene bien un poquito de ayuda. Muevo, estiro y crujo mi cuello; huesitos, músculos y articulaciones en marcha. Todo eso antes de salir de la cama y en dos fases: una tendida y otra sentada. Pero aún así, cuando me levanto debo tener cuidado con los movimientos, los mareos...

Y es que, irremediablemente, a mi cuerpo tampoco le gusta madrugar.


(*) Relato publicado en el libro Sueños en la mirada, a beneficio de la investigación del Síndrome Postpolio.

jueves, 7 de mayo de 2020

La niña que llevo dentro (I)



1. Unos ojos grandes y profundos (*)
«A veces la infancia es más larga que la vida»” 
Ana María Matute


Aquellos ojos grandes y profundos habían asistido a paisajes incomprensibles de dolor y miedo cuyo gris nublaba a veces su mirada puesta en la lejanía.
La niña, en un laberinto de pasillos y habitaciones frías que eran un todo, era feliz al verse cada día fuera de él, sin batas blancas, en brazos de una madre amorosa y cálida que limpiaba sus lágrimas y devolvía su alegría por haberse portado bien con algunas recompensas en forma de chucherías y libros de cuentos adquiridas al pasar por el quiosco que había en la puerta del hospital, aunque esto supusiera, sin que la niña fuese consciente de ello, el sacrificio de una madre abnegada que gastaba el dinero del transporte por ver sus ojitos iluminados y bañados de sonrisa, y que no paraba de hablar mientras la llevaba en brazos el largo camino de vuelta a casa.
De todas aquellas frías habitaciones, una en particular le infundía verdadero terror y atraía su mirada poderosamente. Cada día, mientras avanzaba por el pasillo, «rezaba» para no encontrarse la puerta abierta, sabía que su mirada se recrearía en esa visión espeluznante mientras un escalofrío le sacudía el cuerpo y le erizaba el vello. Había allí una máquina infernal que engullía niños y solo les dejaba asomar sus cabecitas. Escuchó que la llamaban «pulmón de acero», pero por entonces ni siquiera sabía el significado de la palabra «pulmón».
¡Era tan pequeña, aún...! Pulmón de acero sonaba en su interior como el roce del filo de una navaja. Esa amenaza que se producía en su mente le hacía aplicarse un poco más en sus ejercicios, y eso que odiaba las cinchas, los sacos de arena, las poleas y demás artilugios del gimnasio, de los que colgaban piernas, brazos y cuellos, una verdadera tortura para ella, en donde su llanto se mezclaba con otros llantos infantiles. No entendía que, para curar sus piernecitas, tuviesen que infligirle tanto daño. Lo que mejor llevaba era la piscina, pero incluso eso había días que no le apetecía. Masajes, masajes y más masajes... que no cesaron ni siquiera cuando comenzó su etapa escolar.
Hoy día aquellos ojos no encierran ningún rencor, todo lo contrario, un profundo amor y comprensión por aquella niña que guarda dentro.


(*) Relato publicado en el libro Sueños en la mirada, a beneficio de la investigación del Síndrome Postpolio.

jueves, 30 de abril de 2020

Corto y cambio 30

 Le dijeron que los ojos se ponen bonitos con el llanto, y descubrió que no era así. Otra mentira más
con la que nos engañamos, porque la humanidad es estafadora de la verdad. Acumula tantas mentiras, que algunas traspasan los límites terrenales y se hacen llamar piadosas.

Que los ojos son la puerta por donde sale la pena del alma, y es la pena la que lame los ojos y los abrasa y pierden, entre otras cosas, la perspectiva; dejan de mirar hacia afuera, para mirar hacia adentro buscando una calma que no encuentran, buscando un nido.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El día que se acaben mis pobres versos...

El día que se acaben mis pobres versos
llegaré furtiva para acariciar estrellas,
inventaré palabras de tus labios nuevos,
me vestiré de espuma de mar y cielo.

El día en que no tenga
palabras de consuelo,
ni líneas blanquiazules
donde apoyar mi verbo,
desnudaré mi alma,
viajaré a su centro,
desmadejaré los hilos
con que hilar te-quieros.
Mi voz será latido,
mi piel, mis dedos
dibujarán palomas
que vuelen a lo lejos.

El día en que no sepa
decir lo que ahora siento
me mojaré de lluvia
y de frío invierno,
buscaré en las sombras
donde mueren los besos,
para rescatar los míos,
aquellos que no me dieron.

El día que se acaben mis pobres versos
me exiliaré del mundo para sumar recuerdos
en lugares lejanos de lejanos reinos,
y el tiempo me traerá sones de otros ecos
entre nubes doradas azul de cielo.

martes, 8 de febrero de 2011

El pensamiento

El pensamiento se enreda en un bucle,
juega dentro de un tirabuzón travieso
que inicia un movimiento perverso
al viento de los presagios.

El pensamiento se cuela por el desagüe
tras girar frenéticamente
de izquierda a derecha,
de derecha a izquierda,
en ambos hemisferios.

Y en lo profundo quema
y abre heridas
que el subsuelo reconoce como suyas,
en un magma criado con los años,
que cubre en manto coronario,
donde se guarda el alma de los vivos.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Mañana iniciaré la rutina

Mañana iniciaré la rutina
en un día extraño,
de fiesta contenida;
quedará el árbol apagado,
los pastores a la espera,
que sus ovejas abreven
en un río de plata,
cuajado de nieve falsa.

La calle no será más calle,
ni menos, sólo la luz
la hará grande.
La gente no será más gente,
quizás sí, quizás no
expresará su deseo de ser feliz
y eso la hará grande.

Mañana sentiré
que nada ha cambiado:
seguimos deseando ser felices
y no apostamos por su proyecto,
seguimos deseando ser felices
y no andamos el camino.

martes, 14 de diciembre de 2010

Soltar lastre

Soltar lastre,
despojarnos de pájaros negros,
desvanes llenos de polvo,
fantasmas de sábanas blancas,
historias acabadas,
finales de películas soñados,
fantasías rotas...

Soltar lastre,
aligerar el alma
para colocarla en un nuevo espacio
en una nueva estrella,
un universo por explorar,
una madrugada en una nueva mañana
más limpia, por estrenar
como el perfume de lavanda
en una cama recién hecha
que acogerá el descanso merecido.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Qué poco conocemos del otro

Qué poco conocemos del otro;
la imagen que nos refleja
el espejo de nuestra mente,
la que construimos
a golpe de encuentros,
de miradas, de palabras,
de instantes, de ráfagas,
de sensaciones, de escalofríos.

Y las palabras,
-que no siempre nos descubren
el pensamiento, oculto
hasta para nosotros mismos-,
espejan el sentimiento profundo
o se lanzan, huecas,
al mundo, como desahogo
de una carga insulsa,
lastre que nos condena
y socava los paradigmas del ser..

Qué poco conocemos del otro;
desde nuestra individualidad
nos asomamos al conocimiento
ajeno, ajeno a nosotros,
vividos en otras vivencias,
en otros entornos,
con otros arquetipos,
intentando comprender
la naturaleza humana.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Los bancos de la espera


Los bancos de la espera
que un albacea guarda
celosamente
y reúne a la hermandad,
encuentro de amigos.

Me acerco cada día
por ver si un banco
me aguarda
y unos amigos risueños,
dispuestos sin guión,
en conversación libre
a flor de sentimientos.

Con ellos viajo,
cada rincón, especial,
mostrado por otros
o por los mismos
para los otros.

Los bancos conocen
el corazón humano
saben de historias y de secretos,
de sueños y sentimientos.

Me gustan los que están
al sol del invierno,
me gustan los que miran
hacia fuera,
que hacia dentro
ya miramos nosotros,
los que rebosan vida,
los llenos de gente,
de enamorados,
los recién pintados
y los ajados...

Los bancos no tienen prisa,
permanecen a la espera
de nuestra llegada,
en ese espacio íntimo
que nos acoge,
como a un inmigrante de la vida
dispuesto a conversar
con el tiempo.

Dedicado a mi amigo Enric y a todos los que congrega

jueves, 2 de diciembre de 2010

¿Cuál fue el pecado original
que debo penar
hasta el fin de los tiempos?
¿Qué manzana prohibida mordí
que su veneno me persigue
y me corre por las venas?
¿Qué mal hice
que merezca este abandono?

Me asomo al abismo
del desconcierto,
no sabiendo de dioses
ni de castigos,
penando el infierno
de los justos,
de los despojados,
de los que añoran la felicidad.
Amiga, dime
¿tú tienes las respuestas?

Quizás debiera desaparecer
para siempre,
sumirme en el anonimato
más brutal,
borrar toda huella,
todo rastro,
y perderme en la nada,
diluirme en un mar de espuma,
en un paraiso soñado,
sin adanes ni evas,
ni serpientes, ni manzanas,
ni nadie a quien herir,
ni por quien sufrir.

martes, 16 de noviembre de 2010

Hoy estoy rara

Hoy estoy rara,
no sé si dormir o soñar,
no sé si sentir o pensar.

El tiempo me marca de cerca,
voy subida en sus agujas,
me arrulla el tic-tac,
me mece el péndulo
y mientras pasan las horas
asesino a los segundos
para que no crezcan,
como un Herodes maldito
en unos celos de espera
que cela la noche tan larga,
la noche de los inocentes.

Hoy estoy rara,
no sé si reír o llorar,
no sé si decir o callar.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Abro y cierro

Abro y cierro el cuaderno
donde guardo mi alma
esperando encontrar
palabras no escritas
jamás pronunciadas
que vuelan y se escapan
al país de los sueños.

Abro y cierro mi alma
esperando hallar respuestas
que desvelen dudas
de días oscuros, huérfanos,
que vuelan al país del misterio
de lo inaudito.

Abro y cierro
y anoto la suma de frustraciones
en un cálculo metódico, enfermizo.

Abro y cierro
como un tic nervioso, compulsivo
que denota duda, mis dudas
las de siempre, las nuevas,
las que aún no han nacido.

martes, 19 de octubre de 2010

La melancolía

La melancolía
es una barca
de ida y vuelta,
que mece las olas
a un ritmo lento
y te seduce el crujido
del maderamen
y el arrullo del mar
que azota el viento.

Es la barca solar
que marcha y retorna
en periplo perverso
en vida y muerte
y tiñe los versos
de brea untuosa
Renenutet
es la diosa
que trae la suerte.

Y la vida se colma
en cada gota,
serpiente protectora
que vela segura,
ningún mortal
se escapa en su locura,
la melancolía acecha
en cada fuente.

martes, 12 de octubre de 2010

Hijo, libro, árbol

Un puñado de estrellas
en boca de madre
que la tierra es muy joven
y llora por dentro.

He plantado un árbol
con mis pobres manos,
he escrito historias
que en libros cuento.

He parido mil hijos
en cien esperanzas
y he cumplido mi pacto
con mi universo.

¿Y quien no planta árbol
ni escribe versos?
Lloran los hijos,
los que no vinieron,
y la tierra seca,
lágrimas muertas
regadas por los siglos
y siglos de sufrimiento.

Qué insulsa la vida
que no se vive
apurando el sorbo
que deja el rastro
de huellas de otras huellas
también vividas
en el tronco, en anillos
que dan los años...

Y en papeles bañados
por la experiencia
y en árboles deshojados
en desacato
al mundo que venimos
y que marchamos
por caminos trazados
de tanto en tanto.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Bohonomía

Si me castigas con tu silencio,
te respondo con mi palabra
y te entrego estos versos,
si me castigas con tu indiferencia,
te respondo con mi afecto,
si me castigas con tu olvido,
te respondo con mi memoria
y te entrego mis recuerdos,
si aún me castigas con tu desprecio,
te respondo con mi infinita estima.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Comienza el nuevo día

Comienza el nuevo día y sus avatares,
será que la mañana no despierta,
me consume el olvido y dudas en sus mares
de sueños pasajeros de una noche incierta.
¿Será que los sueños revisten realidades?
El mundo imaginario me invita en forma cierta
a vivir otras vidas y tiempos estelares
que soporten mis días de horas muertas.