Compañera que vas pegada a mí
como una contraimagen,
soportándome y soportándote.
Compañera del alma que no abandonas
aunque adopte una difícil postura,
hasta que el sol se aleja
y te vas con él como una amante
para volver más tarde desengañada
en artificial juego de luces:
te doblas, te encoges, te agrandas,
te me huyes de mi mirada a veces
en una timidez que raya la locura
y, por qué no, la extravagancia.
Es mi cuerpo quien te hace
-eso dicen-
y despedirme de ti supondrá mi muerte.
LA CUEVA DE LOS IMPOSIBLES
Hace 14 horas
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