Breves momentos de inspiración y alguna noche de insomnio

martes, 8 de abril de 2014

Corto y cambio 18

El circo llegó al pueblo un año más, y bañó las calles de colorido y algarabía. Los niños con ropita de domingo formaban cola, y tiraban impacientes de la mano de sus padres. Me gustaba adivinar con qué número nuevo nos sorprenderían: un joven malabarista, una chica de bonitas piernas que cantaría mientras se mecía en el trapecio, un tragasable, una mujer barbuda o quizás algún payaso de mirada triste... De todos ellos, lo que más me gustaba era escuchar el acordeón que tocaba con maestría aquel viejo payaso de ropa ajada. Venía todos los años y siempre preguntaba los nombre de los niños y niñas que llenaban el circo. Yo llegaba presuroso para ocupar la primera fila, pero jamás me preguntó cómo me llamaba, sólo me miraba a los ojos y me sonreía mientras iba sacando notas a su acordeón, y la melodía me transportaba... Por una tarde soñaría y pensaría que la magia del circo nos haría mejores.
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